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viernes, 18 de julio de 2014

El camaleón daltónico

Cuando llegó el momento de camuflarse, el camaleón daltónico cerró los ojos, dejó su mente en blanco y se dejó ir lentamente, tiñéndose de un color que no venía de fuera, sino que le salía de bien adentro. Y aquel extraño color, al derramarse sobre el entorno, creó una combinación cromática inesperada, diferente a todo lo que se había podido ver por allí hasta entonces.

Todas las demás criaturas se giraron maravilladas. ¡Aah!, ¡oh!, exclamaban sorprendidas. Y es que nadie había sospechado nunca que el camaleón daltónico pudiera guardar tan hermosos colores en su interior.