La papeleta sintió una gran ilusión en el momento en que se precipitó hacia el fondo de la urna; era la primera vez que realizaba aquel viaje y estaba llena de curiosidad... Para su sorpresa el aire allí dentro era denso, mucho más de lo que había imaginado y no fueron pocas las papeletas que la miraron con recelo...
-Acaba de llegar una de las nuevas -murmuró una con el desdén típico de las que ya están de vuelta de todo.
-¡Vaya! -pensó ella-. Nadie le había avisado de que podía ser recibida de aquella manera tan poco amistosa.
-Es inevitable, siempre hay papeletas frikis que nos acaban cayendo en esta urna -oyó decir a otra.
Tienes toda la razón -asintió la que estaba a su lado-, pero mejor callar no sea que noten nuestra superioridad intelectual.
Tienes toda la razón -asintió la que estaba a su lado-, pero mejor callar no sea que noten nuestra superioridad intelectual.
Brrrrrrummmm... Un gran estruendo sacudió la urna tras estas palabras; lo había dicho bajito, pero muchas lo habían oído y al parecer no estaban de acuerdo. Muchas papeletas comenzaron a retorcerse nerviosas dentro de la caja y el aire se volvió más denso.
Nosotras lo que queremos es nuestra propia urna -empezaron a gritar algunas desde una esquina-. Tenemos derecho a decidir en qué urna queremos estar.
Un nuevo estruendo recorrió la caja. Muchas miraron con despiste hacia otro lado, otras reaccionaron de una manera más visceral.
-¡Ni hablar de eso! ¡A los tanques! ¡A los tanques! -se oyó una vox que gritaba desde algún lugar de la urna.
La papeleta recién llegada miró perpleja la situación. Nunca había imaginado así el inicio de su esperado viaje a la península de Democracia.
Y era bien cierto, pues no tenía ni la más remota idea de las aventuras que había de vivir ni los peligros que había de afrontar antes de llegar a la ansiada península.
Continuará...