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lunes, 14 de abril de 2014

Una noche sin estrellas

Era de todos bien sabido que en aquel lugar se podía disfrutar de las noches más hermosas del planeta. Cada noche, mientras la luna les regalaba su luz, las estrellas se encaramaban al cielo y ponían en marcha un juego de intensidades de una delicadeza sin parangón. Todos los habitantes del lugar se enorgullecían de ello, aunque también hay que decir que eran bien pocos los que en realidad dedicaban su tiempo a disfrutar del espectáculo. La mayoría estaban ocupados, o muy cansados, o simplemente tenían suficiente con saber que pertenecían a aquel lugar tan especial que era la envidia de buena parte del planeta.

Pero todo cambió la noche en que no hubo luna ni estrellas en el cielo. Ese día todos se echaron las manos a la cabeza. Inaudito... jamás había ocurrido nada semejante. Hubo un gran revuelo y se creó una gran expectación por saber lo que ocurriría aquella noche. Por eso, cuando el sol comenzó a declinar, todos, cansados o no, dejaron lo que tenían entre manos y salieron a las ventanas y a los balcones... Y sí, volvieron la luna y las estrellas y todos pudieron disfrutar del magnífico espectáculo y lo hicieron de verdad.

Quizá había sido sólo una llamada de atención, pero desde entonces, a los niños de aquel lugar los educan para que no se olviden de mirar al cielo y de disfrutar cada día de su hermoso espectáculo.