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viernes, 11 de abril de 2014

El ascensor en huelga

Al ascensor le daba mucha pena que los encuentros que ocurrían en su interior fueran banales, fríos y que a menudo carecieran incluso de las mínimas normas de urbanidad. Cansado de la situación, decidió ponerse en huelga, pues alguna vez había oído -hace mucho tiempo eso sí- que los derechos de los trabajadores eran sagrados. ¡No puede ser! -exclamaron los vecinos incomodados al descubrir la situación. Aquello era una gran molestia, de modo que acudieron presurosos a los expertos. Vinieron técnicos formados en las mejores escuelas e incluso ingenieros llegados directamente desde Alemania, pero nadie lograba dar con la solución. Cambiaron botoneras, maniobras y probaron incluso a cambiarle la memoria (no hay memoria en blanco que se resista a unas nuevas consignas). Todo fue en vano. Finalmente, los vecinos decidieron sustituir el ascensor por uno nuevo, con garantías de funcionamiento, y nunca nadie logró entender qué era lo que realmente había fallado con el viejo ascensor. Una pena, ¡con lo fácil que hubiera sido un poco más de simpatía y cordialidad!