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jueves, 10 de abril de 2014

El interior del ministro del interior

El ministro del interior de aquel país imaginario decidió un buen día dejar de ser tan ministro y hacerse un poco más persona. Y cuanto más persona se volvía, menos ministro se sentía.

El día que, de tan persona, ordenó retirar todas las alambradas y recibir a los que llamasen a su puerta con un abrazo, muchos pensaron que se había vuelto loco. Pero ese día, se reclinó en su butaca de ministro y se sintió más persona que nunca.

Suerte de aquel país imaginario.