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miércoles, 23 de abril de 2014

Lluvia de estrellas

Dicen de las Líridas que es la lluvia de estrellas más impredecible de todas las que ocurren durante el año... nadie sabe cuántos meteoros atravesarán el espacio para ir a morir a la atmósfera, cerca de la Tierra. Sí, las Líridas tienen fama de ser las más impredecibles, pero eso sí, dentro de un orden, por eso fue una sorpresa que aquella noche del 22 de abril, contra toda predicción, un meteoro atravesase la atmósfera y fuera a aterrizar justo allí, en medio de la plaza, dejando un boquete enorme. Y no menos asombroso resultó que, tras tomar posesión del espacio público, este siguiera brillando con luz propia, sin la más mínima intención de apagarse. Desde luego, los habitantes de aquella tranquila ciudad no sabían cómo reaccionar ante el inesperado suceso... los únicos que no dudaron un momento fueron los niños, que sin perder ni un segundo se pusieron a explorar la nueva fisonomía de la plaza y a jugar con aquella cosa grande y brillante. Y jugaron y jugaron... y rieron hasta quedar exhaustos. Mientras tanto, en otro lugar, los mayores seguían devanándose los sesos sobre cómo encarar aquella situación tan anormal y trataban de encontrar alguna utilidad a aquella cosa extraña que les había caído del cielo. Mucho me temo que todavía no han encontrado la solución...