La visión de aquel ser humano agonizante resultaba tremendamente impactante y por eso se decidió cerrar la cortina... no fuera a ser que tuvieran que verse confrontados con el horror de sus propios actos. Aunque no parece tan difícil llegar a pensar que algo tiene que estar muy podrido para que sea necesario administrar la "justicia" con los ojos cerrados, ninguno de los asistentes lo llegó a pensar... más fácil que pensar era dejar que, llegado algún momento delicado, alguien continuase cerrando la cortina.