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martes, 29 de abril de 2014

A soñar y soñar, todo es empezar

El bando que acababa de leer el alcalde lo decía bien claro: ante la predominante situación de deterioro social y moral de los ciudadanos y aún sabiendas de que no se podía obligar a nadie a hacerlo, desde el ayuntamiento se rogaba encarecidamente a todos los ciudadanos y ciudadanas de bien que dedicasen al menos una cuarta parte de su jornada diaria a soñar... y no sólo eso, pues no bastaba con hacerlo de una manera pasiva, como quien ve ante sí un partido de fútbol o una película, sino que debían implicarse en sus propios sueños y hacer todo lo posible para que estos, algún día, se hicieran realidad.

Es cierto que muchos se quedaron un poco confusos sin saber muy bien qué hacer (seguramente llevaban demasiado tiempo taponando concienzudamente cualquier fantasía incipiente y no sabían bien cómo empezar a soñar), pero los más soñadores se pusieron enseguida manos a la obra. Al poco tiempo, y como quien no quiere la cosa, estos ya habían arrastrado a los más reticentes y como en realidad esto de soñar no es tan difícil (sólo hay que permitirse a uno mismo hacerlo), pronto todos cumplían con creces la sabía ordenanza del alcalde. Y podéis creerme que se solucionaron muchos de los problemas que incomodaban a la noble villa y yo, sin ir más lejos, estoy pensando seriamente lo de empadronarme allí.